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Tesoros en el cielo

Tesoros en el cielo – lección de Escuela Dominical de Iglesia Unida México

Lección: Mateo 6:19-24
Texto: Colosenses 3:1-2

Introducción: En la historia del hombre, se han librado guerras con pérdida de muchas vidas humanas, y la mayoría de éstas, han sido por codiciar los tesoros de otros. Básicamente tesoro es la acumulación de riquezas. En el tiempo antiguo era típico acumular oro y plata. También es aplicable a recursos naturales, como las tierras, el agua, grano, vino, aceite, animales, etc. La acumulación de riquezas hace al hombre suponer respeto, estabilidad, seguridad y bienestar futuro. Hay tesoros de naciones, de templos, de reyes, tesoros personales, etc. Pero todos estos tesoros están sometidos a las leyes físicas de la naturaleza y con el tiempo la mayoría perecen o son difíciles de mantener en el tiempo.


Desarrollo: En el (V.19) Jesús instruye a sus discípulos a no hacer tesoros en la tierra, considerando que todo perece. El valor del tesoro es temporal. Además, la posesión de algún tesoro obliga a cuidarlo de quienes, por la codicia de lo ajeno, asechan para robar y hurtar. En 2 Reyes 20:12-13, se relata lo acontecido en tiempos del rey Ezequías, que, al ser visitado por enviados del rey de Babilonia, como una forma de atenderlos bien, les mostró todos sus tesoros. Al enterarse de lo acontecido el profeta Isaías le dijo: “Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos: He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová” (Isaías 39:5-6). Dios conoce el corazón del hombre y su codicia, que no temen en hacer la guerra con tal de apropiarse de las riquezas de otro.(V.20) Jesús les menciona que, en la presencia del Padre en el cielo hay plena seguridad para tener los tesoros, donde nada perece, y no hay ladrones que pongan en riesgo las riquezas.(V.21) “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” El hombre que tiene riquezas en la tierra tendrá ligado su corazón a éstas y todas sus acciones y propósitos girarán en torno a aumentar y a cuidar sus tesoros sin escatimar los medios para hacerlo, formando en la persona un carácter oscuro, con ausencia de valores cristianos. Mientras que, teniendo los tesoros en el cielo, las riquezas están asegurada y se está confiado añorando el mañana celestial. El vivir estará marcado por la esperanza de recorrer el Camino hasta llegar a la meta.

Las buenas obras de los hijos de Dios son riquezas en el cielo.(V.22-23) Jesús explica a sus discípulos que, en los ojos del ser humano se puede apreciar la luz o la oscuridad que hay en su interior, que a su vez impactará en su conducta. El Hombre en cuyo interior está la presencia del Espíritu Santo, habrá: bondad, amor, gozo, paz, benignidad, fe, etc. Su ojo será luminoso y su testimonio diario y su comportamiento ante el mundo hará luminoso todo su cuerpo, haciendo visibles las buenas obras de los hijos del Señor. Mateo 5:16 dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. A su vez el hombre cuyo interior está lleno de tinieblas, su mirada es mala y su conducta pecaminosa, evidenciando con sus obras la oscuridad en que encuentra. El apóstol Juan lo expresa así: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:20).(V.24) Jesús manifiesta que no se puede servir a dos señores, refiriéndose que se sirve a las riquezas o a Dios. Cuando el hombre pone el dinero como objetivo de vida, pensando que su futuro y bienestar depende de cuánto dinero acumule, todo su esfuerzo, estará orientado a ganar dinero, y deposita en éste su esperanza de lograr felicidad y seguridad. No estima importante acercarse a Dios y menos servirle, su fe está en las riquezas y termina amando el dinero.

Pablo escribe a Timoteo: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:10).Las riquezas hacen que una persona se sienta protegida e inalcanzable. Proverbios 18:11 dice: “Las riquezas del rico son su ciudad fortificada, y como un muro alto en su imaginación”. Dios no está en contra de la posesión de riquezas, sino que el hijo de Dios debe tener siempre presente que su bendición viene del Altísimo y tener toda su esperanza en el Dios vivo. Pablo le escribe a Timoteo: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (1 Timoteo 6:17-18).En Mateo 19:16-22 se relata la experiencia de un hombre rico que no fue capaz de dejar sus posesiones para luego seguir a Cristo.

Conclusión: Siempre se debe tener presente que las riquezas en esta tierra son temporales. La esperanza de nuestro bienestar presente y futuro debe estar en el Dios Eterno. Las riquezas son peligrosas, y pueden corromper la mente del cristiano haciéndolo cambiar sus valores, y abandonar la senda de Cristo. La verdadera riqueza del creyente es conocer a Dios y alabarle, llevando una vida en el Espíritu con la fe en Jesucristo quien da salvación, vida eterna y la oportunidad de hacer riquezas en el cielo.

Con Amor Fraternal — Pastor José Arredondo