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Jesús y el ayuno

Jesús y el ayuno – lección de Escuela Dominical (Daniel 9:13)

Lección: Mateo 6:16-18
Texto: Daniel 9:3

Introducción

El ayuno es abstenerse de alimentos afligiendo el cuerpo y generando condiciones propicias para lograr un acercamiento a Dios. También se define como un ejercicio espiritual con una finalidad específica. En el libro de Levítico, Dios establece un día de ayuno para el pueblo de Israel: el día de la expiación (Levítico 16:29). La Biblia nos relata algunas ocasiones en que grandes personajes como Moisés, Elías, David y el mismo Jesús practicaron el ayuno.

Variados son los propósitos por los que el cristiano debe ayunar: buscar la comunión espiritual con el Padre, recibir fortaleza espiritual para enfrentar situaciones adversas, por respuesta a peticiones, ser bendecido con manifestaciones del Espíritu Santo en nuestras vidas, por dones espirituales, por salud de la iglesia, para obtener sabiduría, para revelación de su voluntad para con nuestras vidas, aumento de fe, etc.

La oración y el ayuno son una forma de ser investidos con autoridad y poder de lo alto, muy necesario para lograr el sometimiento de algunos géneros de demonios, como lo explica Cristo a sus discípulos:

“Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.
Mateo 17:21

Dios ha permitido el desarrollo de la ciencia, la que nos ha ayudado a comprender el funcionamiento del cuerpo humano. Esto ha generado varios tipos de ayuno —diferencia en la duración del ayuno, con o sin beber agua, con una dieta especial, etc.— que, según nuestra condición y fe, cumplen con el propósito de abstenerse de los alimentos. El ayuno en ningún caso es para causar daño a nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo.

Desarrollo

(V. 16) Jesús enseña que el ayuno no es para aparentar espiritualidad ante los hombres, transformando el ayuno en un acto de hipocresía religiosa; en tal caso, el propósito del ayuno no se logrará, y la recompensa por el sacrificio será solo la consideración de los hombres. El Señor criticó duramente a los religiosos de su época por su hipocresía: daban lecciones de conducta ante Dios, pero no cumplían ellos mismos con las enseñanzas. Jesús llegó a decir a sus discípulos lo que tenían que hacer en tal caso:

“Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”.
Mateo 23:3

En los tiempos del profeta Isaías, Jehová le mandó anunciar al pueblo su desagrado con el ayuno que practicaban:

“¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto”.
Isaías 58:3-4

(V. 17-18) La forma correcta de ayunar es teniendo especial cuidado de no convertir el ayuno en un acto público, sino realizarlo con máxima reserva, cuidando nuestro aspecto físico y sin dar la posibilidad de generar, en quienes nos rodean, sentimientos de compasión por nuestra aflicción. Entre más íntimo, mejor, para que el sacrificio agrade a Dios.

En Lucas 2:36-38 se relata cómo bendijo Dios a una mujer profetisa llamada Ana, de avanzada edad, que no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Esta mujer agradó a Dios y le fue permitido conocer al niño Jesús el día que fue presentado.

En el comienzo, la Iglesia de Cristo practicó el ayuno, siendo guiada por el Espíritu Santo en la administración de la obra. Lucas escribe así:

“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”.
Hechos 13:2-3

Conclusión

El ayuno está totalmente vigente, y la iglesia de Cristo lo debe practicar, teniendo cuidado de observar las instrucciones dadas por Jesús, para que así se agrade Dios con nuestro sacrificio y de esta manera se logre el propósito del ayuno. Siempre el ayuno debe tener un propósito bien determinado: no es solo una abstención de alimentos, sino la búsqueda de una condición espiritual que nos permita la mejor comunión con el Padre.

Con Amor Fraternal — Pastor José Arredondo