Iglesia Unida México

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El Espíritu Santo guía a toda la verdad

Biblia abierta junto a una cruz al amanecer – serie El Espíritu Santo en la Iglesia

Base bíblica: Juan 16:12-15

Hay una humildad que es puerta de todo conocimiento espiritual: reconocer que somos seres finitos intentando comprender a un Dios infinito. Sin esa humildad, la Biblia se vuelve un libro que discutimos; con ella, se vuelve una voz que nos guía. Y esa guía tiene nombre: el Espíritu de verdad.

La tristeza de un Padre y su respuesta

Dios expresó por medio de Isaías una queja muy sentida: «Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento» (Isaías 1:2-3). Pero Dios no se quedó conforme con esa distancia. Decidió abrir una nueva etapa. Isaías mismo profetizó un «camino de santidad» por el cual los redimidos serían guiados, con alegría y gozo perpetuo (ver Isaías 35:8-10). Cuando el Señor Jesucristo anuncia que el Espíritu de verdad nos «guiará a toda la verdad», detrás de esas palabras late un anhelo: que le conozcamos y le sigamos.

La necesidad de ser guiados

Jesús fue realista con sus discípulos: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad» (Juan 16:12-13). Ante lo limitado de nuestra capacidad para comprender las grandes verdades espirituales, el Espíritu viene a guiarnos en la comprensión, la aceptación y la puesta en práctica de esas verdades. El Señor mismo lo ilustró en la parábola del sembrador: hay quien oye la palabra, la recibe y «da fruto» (ver Marcos 4:20). Pero para eso hace falta humildad, despojarnos de toda altivez, porque «Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos» (Salmo 138:6).

Nos hará saber lo de Cristo

El Espíritu no habla por su propia cuenta: «porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir» (Juan 16:13). Él habla en perfecta unidad con el Hijo. Es mediante esa unidad dinámica como Cristo se va revelando a lo largo de todas las epístolas, hasta el Apocalipsis, cuando el mismo Señor declara: «No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 1:17-18). Y todo eso ha llegado a nosotros por medio de hombres inspirados por el Espíritu.

Nos hará saber lo que ha de venir

El Espíritu también nos hace saber las cosas relacionadas con el Reino de Dios y las señales de los tiempos, de modo que no caminamos a ciegas ni con incertidumbre sobre el futuro; sabemos, por las señales, que él viene pronto. Por eso reafirma nuestra esperanza para que no nos entristezcamos «como los otros que no tienen esperanza» (1 Tesalonicenses 4:13).

Glorifica a Jesucristo

El corazón de toda la obra del Espíritu es este: «Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber» (Juan 16:14). El Espíritu glorifica a Jesucristo en su persona, haciéndonos conocer su naturaleza divina y «todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad» (2 Pedro 1:3). Lo glorifica en el cumplimiento de su obra redentora en nosotros, dándonos testimonio de que somos hijos de Dios (Romanos 8:14-16). Lo glorifica en su propósito de levantarnos de este mundo y llevarnos con él (1 Tesalonicenses 4:16-17). Y lo glorifica en la preparación de la Iglesia, hasta presentarla «santa y sin mancha e irreprensible delante de él» (Colosenses 1:22).

La perfecta armonía de la Trinidad

Jesús cierra con una ventana a lo más profundo: «Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber» (Juan 16:15). Hay una armonía perfecta entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en la administración de las cosas del Reino, y el creyente es hecho partícipe de ellas.

Dios, en su infinita misericordia, trazó el camino para guiar al hombre en aquello que le era imposible conocer y mucho menos alcanzar. Hoy, gracias a la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, podemos incursionar en esas cosas, «si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio» (Colosenses 1:23). No tienes que entenderlo todo hoy. Solo tienes que dejarte guiar.

Con Amor Fraternal — Pastor José Arredondo